Hay festivales a los que vas a ver conciertos.
Y luego está el Hellfest, donde se respira música. Porque lo de Clisson no se recorre: se vive, se suda y se sobrevive. Hellfest 2025 volvió a recordarme por qué este sitio es, mi parque temático favorito . Solo que aquí las atracciones tienen riffs, el merchandising es negro y el sonido nunca baja de decibelios.
Los Mainstages fueron como de costumbre el lugar donde todo se vuelve épico. Linkin Park, a los que veía por primera vez, fue uno de esos conciertos que se te quedan grabados: emoción colectiva, miles de personas cantando al unísono y esa sensación de estar tachando algo importante de la lista vital. Muse demostraron una vez más que juegan en otra liga, con un show enorme y perfectamente medido, mientras Motionless in White y Electric Callboy pusieron el contrapunto moderno: uno más oscuro y teatral, los otros directamente convertidos en una fiesta desatada, imposible no sonreír mientras el recinto entero saltaba.
También hubo espacio para propuestas que se salen de lo habitual: The Hu, con su mezcla de metal y tradición mongola, lograron parar a mucha gente que pasaba por allí “solo a curiosear”… y se quedaron. Y Eagles of the Death Metal aportaron ese rollo rockero, desenfadado y casi macarra que funciona como un chute de buen humor en mitad del caos.
El Valley es y será siempre uno de mis escenarios fetiche. Allí el tiempo corre distinto. Dopethrone aplastaron literalmente el ambiente: riffs lentos, pesados, densos, de esos que te vibran en el pecho más que en los oídos. Justo después, HEALTH cambiaron totalmente el mood, con un directo hipnótico, electrónico y oscuro, demostrando que el Valley es perfecto para propuestas que se salen del metal más clásico. No es un escenario de prisas: es para dejarse llevar.
En el Altar, el ambiente se vuelve más ceremonial. Abbath fue puro carisma y actitud: black metal con groove, presencia imponente y ese punto casi teatral que hace que incluso quien no sea ultra fan se quede mirando sin pestañear. Altar sigue siendo ese lugar donde el metal extremo se vive con respeto y concentración, casi como si el público supiera que está asistiendo a algo serio.
Muy cerca, el Temple con su personalidad completamente distinta. Si Altar es intensidad técnica, Temple es atmósfera. Es probablemente el escenario más oscuro del festival: luces bajas, humo, sonido denso y un público que vive cada concierto con una mezcla de devoción y trance. En el que pudimos disfrutar por allí a enormes del black metal como Mayhem, Emperor o Watain, dejando el listón muy alto. Este año la sensación seguía siendo la misma: entrar al Temple es como cambiar de dimensión dentro del festival. El bullicio exterior desaparece y de repente todo se vuelve más oscuro, más introspectivo, más ritual.
La Warzone, donde la energía se mide en pogos por minuto. Allí el ambiente siempre es más punk, más directo, más sudoroso. The Real McKenzies aportaron su característico punk celta con gaitas y espíritu festivo, convirtiendo el concierto en una celebración perfecta para esa parte del festival donde todo el mundo parece tener aún más ganas de saltar. Turnstile, a quienes veía por primera vez, fueron una de las gratas sorpresas para mi persona: intensidad, frescura y un público completamente entregado. Pero uno de los momentos más especiales fue ver a Sex Pistols con Frank Carter al frente. No fue nostalgia: fue actitud pura. Punk crudo, energía y miles de personas saltando como si el tiempo no hubiera pasado.
Entre concierto y concierto, el Hellfest vuelve a hacer magia. Comes bien, descansas cuando puedes, te cruzas con gente de todos los países y estilos, y siempre hay algo ardiendo, sonando o llamando tu atención. Esculturas gigantes, fuego real, barras interminables y una organización que consigue que todo fluya pese a la locura.
Hellfest 2025 fue cansancio, polvo, calor y kilómetros caminados. Pero también fue emoción, descubrimientos y momentos que sabes que vas a recordar dentro de años. Sales roto, sí. Pero sales feliz.
Porque esto no es solo un festival.
Es el paraíso del metal.
Y una vez entras… siempre quieres volver.