Resurrection Fest 2025: distorsión, calor y comunión metalera en Viveiro

El Resurrection Fest volvió a convertir Viveiro en la capital europea del metal durante cuatro días de guitarras abrasivas, pogos interminables y miles de camisetas negras. La edición del 30 aniversario reunió a un cartel enorme donde convivieron leyendas del género, bandas consolidadas y propuestas más recientes que demostraron la buena salud de la escena.

La jornada inaugural arrancó con uno de esos nombres que no necesitan presentación: Judas Priest. Rob Halford apareció en plena forma y el público respondió desde el primer momento. Clásicos como Painkiller o Breaking the Law sonaron con una potencia que recordó por qué la banda británica sigue siendo una referencia absoluta del heavy metal.

Uno de los conciertos más esperados llegó con Korn, que transformaron el recinto principal en una auténtica fiesta de nu metal. Jonathan Davis apareció entre luces oscuras y una atmósfera densa que explotó cuando sonaron temas como Blind o Freak on a Leash. El público respondió con circle pits constantes y uno de los momentos más intensos del festival.

Entre los directos más comentados estuvo también el de Falling in Reverse. Con Ronnie Radke al frente, la banda ofreció un show muy dinámico, alternando metalcore, electrónica y momentos más melódicos. Su puesta en escena y su capacidad para conectar con el público hicieron que el concierto se convirtiera en uno de los más coreados del día.

En una línea completamente distinta, Deviloof ofrecieron uno de los directos más extremos del festival. La banda japonesa descargó una tormenta de deathcore y visual kei que sorprendió incluso a los asistentes más curtidos. Su intensidad y su estética oscura generaron una atmósfera brutal frente al escenario.

El viernes dejó también uno de los momentos más emotivos con Harakiri for the Sky. El dúo austríaco desplegó su característico post-black metal cargado de melancolía y explosiones de intensidad. Canciones largas, cargadas de emoción, lograron un contraste muy interesante dentro de un cartel dominado por propuestas más agresivas.

Entre las propuestas más originales del festival destacó Zeal & Ardor, que combinaron metal con gospel y blues oscuro en un concierto que se sintió casi ritual. Su sonido hipnótico y su puesta en escena minimalista consiguieron captar la atención incluso de quienes se acercaban al escenario por curiosidad.

El sábado quedó marcado por el esperado concierto de Slipknot, que volvió a demostrar por qué sigue siendo uno de los grandes nombres del metal moderno. Con un despliegue visual impresionante y una energía desbordante, Corey Taylor lideró un directo demoledor en el que no faltaron himnos como Duality o Psychosocial.

En escenarios más pequeños también hubo espacio para momentos memorables. Tabernis aportaron uno de los momentos más curiosos y atmosféricos del festival. Este misterioso dúo mezcla música oscura con instrumentos medievales y una estética inspirada en la apicultura antigua, creando una propuesta muy distinta dentro del cartel. Con gaitas medievales, percusión tribal y melodías hipnóticas, su concierto tuvo algo de ritual: una experiencia sonora que transportó al público a una especie de ceremonia pagana entre sombras y ecos del pasado.

Como siempre, el Resurrection no fue solo una sucesión de conciertos. Entre escenarios, el recinto volvió a convertirse en un punto de encuentro para miles de fans llegados de toda Europa, que compartieron cuatro días de música, calor y camaradería metalera.

El festival sigue demostrando que su esencia está en esa mezcla de grandes nombres, descubrimientos inesperados y una comunidad que convierte Viveiro en una auténtica peregrinación anual para los amantes del metal.

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